
Por Mónica Oblitas, nutricionista canina y felina especializada en dietas cocidas.
El gluten ha pasado de ser una palabra desconocida a estar en el centro de muchas discusiones sobre salud. Hoy es común ver productos “sin gluten” en supermercados y escuchar a personas decir que lo evitan por problemas digestivos. Y claro, quienes conviven con animales se preguntan: ¿y si mi perro o gato también es celíaco? ¿Puede el gluten hacerle daño?
La respuesta directa es no. La celiaquía, como enfermedad, no se ha encontrado en perros ni en gatos, como ocurre en humanos. Pero eso no significa que el tema esté cerrado. En realidad, hablar del gluten nos lleva a revisar algo más importante: qué tan buena es la alimentación que reciben a diario nuestras mascotas.
¿Qué es el gluten y por qué preocupa?
El gluten es una proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. En humanos puede causar celiaquía, pero en perros y gatos los casos son excepcionales. Solo se ha descrito una reacción similar en una raza específica, el Setter Irlandés, y en gatos no existe evidencia científica clara.
Entonces, ¿por qué muchos tutores creen que el gluten es un problema? Porque algunos perros y gatos presentan molestias digestivas o cutáneas y mejoran al cambiar su alimentación. Sin embargo, esto no significa que el gluten sea el único responsable, sino que algún componente de la dieta no está siendo bien tolerado.
¿Qué está comiendo realmente tu mascota?
Muchos alimentos para perros y gatos —sí, incluso algunos que se ven “buenos”— están hechos con ingredientes de baja calidad. Por ejemplo:
- Harinas animales o vegetales poco nutritivas
- Sobras de matadero (como plumas, picos o hueso molido)
- Cereales baratos usados como “relleno”
- Conservantes, saborizantes y colorantes artificiales
Todo esto se mezcla, se cocina a altas temperaturas y se convierte en croquetas o alimentos enlatados. No siempre es malo, pero en muchos casos estos productos no están diseñados pensando en la salud del animal, sino en reducir costos y aumentar la rentabilidad.
Alimentación natural: volver a lo simple
Cada vez más tutores optan por cocinar para sus mascotas. La alimentación natural para perros y gatos no consiste en darles lo mismo que comemos nosotros, sino en preparar comidas con ingredientes frescos, cocidos y adecuados a su especie y tamaño.
Una alimentación natural puede incluir:
- Carne cocida (pollo, res, pescado)
- Vísceras en la correcta cantidad
- Verduras como zanahoria, zapallo o espinaca
- Grasas saludables en pequeñas cantidades (como aceite de oliva)
- Un poco de arroz o avena, si el animal los tolera bien, el gato no los necesita.
- Frutas como manzana o banana, de vez en cuando
Pero ojo: esto debe hacerse con guía de un nutricionista especializado, porque no todos los animales necesitan lo mismo, y una dieta mal armada puede causar más daño que beneficio.
¿Y los granos? ¿Son malos?
Sobre el uso de granos en la alimentación de perros y gatos existen opiniones divididas. Sin embargo, no todos los cereales son perjudiciales. Algunos, como el arroz integral, suelen ser bien tolerados.
El verdadero problema no es el ingrediente en sí, sino la cantidad y el uso que se le da. En dietas caseras bien formuladas, los granos pueden ser un complemento, pero nunca la base de la alimentación.
No se trata de modas, sino de observar
Mejorar la alimentación de tu mascota no pasa por seguir tendencias, sino por prestar atención a sus señales. Síntomas como gases, heces blandas, picazón o decaimiento pueden estar relacionados con lo que come.
Muchas veces, el cambio no requiere ingredientes especiales, sino simplificar la dieta y volver a lo básico, con criterio y cuidado profesional.
En resumen
- La celiaquía como enfermedad es muy rara en perros y gatos.
- Pero sí pueden tener intolerancia o sensibilidad a ciertos ingredientes.
- Muchos alimentos industriales tienen ingredientes poco nutritivos.
- Cocinar en casa, con orientación profesional, puede ser una buena opción.
- No todos los cereales son malos: todo depende de la cantidad y la calidad.
- Observar a tu mascota, y consultar con veterinarios, es clave.
Si un alimento genera dudas o tu mascota presenta síntomas, es momento de revisar su plato. Al final, la salud también empieza por una buena alimentación.

