
Una investigación realizada en el Reino Unido confirmó que perder a un animal de compañía puede desencadenar síntomas de duelo prolongado, comparables a los que se presentan tras la muerte de un familiar cercano. El estudio pone sobre la mesa una realidad que muchos tutores viven en silencio.
La muerte de una mascota no es una pérdida menor. Para muchas personas, representa uno de los momentos más dolorosos de su vida emocional. Así lo confirma un estudio científico reciente realizado en el Reino Unido, que analizó el impacto psicológico de la pérdida de un animal de compañía y su relación con el Trastorno de Duelo Prolongado.
La investigación, publicada en la revista PLOS One, encuestó a 975 adultos y evaluó distintos tipos de duelo, tanto por personas como por mascotas. Uno de los datos más contundentes fue que el 21% de quienes habían perdido tanto a una persona como a una mascota identificaron la muerte de su animal como la experiencia más angustiante.
El vínculo con una mascota también genera apego profundo
Desde la psicología, el duelo prolongado está estrechamente relacionado con la pérdida de una relación de apego significativo. Y los animales de compañía cumplen, en muchos casos, ese rol emocional: acompañan, contienen, generan rutinas y brindan seguridad afectiva.
El estudio reveló que el 7,5% de las personas que perdieron una mascota presentaron síntomas compatibles con Trastorno de Duelo Prolongado, una cifra similar a la registrada tras la muerte de amigos cercanos, hermanos u otros familiares. Además, quienes atravesaron esta pérdida tuvieron un 27% más de probabilidades de desarrollar este tipo de duelo.
Cuando el dolor no es validado
Otro punto clave que destaca la investigación es el impacto social del duelo por mascotas. Muchas personas manifestaron sentimientos de vergüenza, aislamiento o incomprensión al expresar su dolor. Este fenómeno, conocido como “duelo desautorizado”, ocurre cuando el entorno minimiza la pérdida y niega la legitimidad del sufrimiento.
La falta de validación social puede intensificar el dolor emocional y dificultar la búsqueda de apoyo psicológico, aun cuando el malestar alcanza niveles clínicamente relevantes.
Qué plantea la ciencia hoy
Aunque los manuales diagnósticos actuales solo reconocen el Trastorno de Duelo Prolongado tras la muerte de una persona, los autores del estudio sostienen que los síntomas se manifiestan de la misma manera independientemente de si la pérdida es humana o animal.
Estos hallazgos abren un debate importante sobre la necesidad de ampliar la mirada en salud mental y reconocer que el vínculo con una mascota también puede dejar una huella profunda cuando se rompe.
Acompañar el duelo también es cuidar la salud emocional
Perder a una mascota no es exagerar el dolor ni dramatizar una pérdida. Es despedirse de un miembro de la familia. Reconocerlo permite transitar el duelo con mayor contención, buscar ayuda cuando es necesario y evitar que el sufrimiento se vuelva silencioso.
La ciencia empieza a confirmar lo que muchos tutores ya saben: el amor por una mascota es real, y su ausencia también duele de verdad.
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