(Autora. Vania Sandoval Arenas)
Hola a todos. Me dicen Negrita y lo confirma mi tarjeta. La razón seguro que ya la han adivinado. Soy negra como la noche. Si no muestro los dientes, nadie me encontraría.
Aparecí en un lugar conocido como Arcoíris, donde soy muy feliz porque mi humano Osi me cuida muchísimo. En realidad, son dos humanos: Osi y Rosita. Pero lo prefiero a él toda la vida. Él es mi mundo entero. Cuando sale —triste momento en que escucho el motor del jeep—, me pongo muy triste y me siento junto a la reja de la calle para esperarlo.
Aunque se quede Rosita, no es lo mismo. No tiene gracia para jugar y es torpe para lanzar los juguetes. Además, habla muchas veces sola. O quizá está buscando a una petita que se perdió.
Quiero contarles un secreto: tengo miedo de morir ahogada.
Por eso, cuando vamos al río, me mojo solo un poquito.
Los otros dos perritos se zambullen hasta el fondo. Son Negro y Blanco. Ellos juegan, saltan y chapotean alegremente en el agua. Nadan hasta la otra orilla sin pensar que hay lugares muy hondos ni que puede existir algún peligro. Corren, juegan y disfrutan de cada momento. Una vez, incluso, los vi nadar junto a un perro desconocido. Ellos no tienen miedo.
Un día que fuimos al río, todos entraron al agua, menos Rosita y yo.
—¡Qué burrera! —pensé—. No es igual que Osi. No soy tan feliz pasando el rato con ella.
Pero, de pronto, me di cuenta de algo. Estábamos las dos juntas, sintiendo lo mismo.
—No es malo tener miedo. Solo hay que reconocerlo y saber de dónde viene —me dijo, adivinando mi sensación.
Ella no sabe todo lo que me pasó antes de llegar a la casa, y yo tampoco lo recuerdo. Lo he borrado de mi mente, pero a veces tengo pesadillas.
Dicen que llegué muy débil, sedienta y desnutrida. Elegí estar ahí y me acogieron de inmediato. Tuvieron que ponerme suero para que pudiera recuperarme. Aún recuerdo el dolor del pinchazo de la aguja.
—Yo también tengo miedo —me dijo mi humana—. Cada día. Pero ya sé de dónde viene.
Se quedó un momento en silencio y después sonrió.
—Paso a paso, Negrita. Mojemos las patitas en la orilla. Suficiente por hoy.



