
La sorprendente forma en que los perros perciben el tiempo y nuestras ausencias
Cuando cerramos la puerta y salimos de casa, nuestros perros parecen saber algo que nosotros no decimos en voz alta: si vamos por un rato corto o si la ausencia será larga. No miran el reloj ni entienden de horarios, pero su comportamiento —que puede ir desde la calma hasta la ansiedad— sugiere que perciben el tiempo de una manera muy particular. Esta capacidad no está relacionada con una noción exacta de horas o minutos, sino con la lectura constante de rutinas, señales y estímulos que para ellos resultan tan claros como un calendario. A partir de esta observación cotidiana, la ciencia y la experiencia comienzan a explicar cómo los perros “miden” nuestras ausencias y por qué reaccionan de forma distinta cada vez que salimos de casa.
La doctora Cynthia Helguero Cárdenas, psicóloga y educadora canina, explica que los perros cuentan con una gran capacidad de observación que les permite interpretar el clima, el ambiente, los sonidos y los olores. Todos estos elementos, percibidos de manera conjunta, hacen posible que los animales puedan anticipar situaciones, incluso reconocer señales muy específicas como el ruido del motor de un vehículo.
“Todo eso les permite hacer una lectura tan cabal del tiempo, pero en relación a todo lo que observa todos los días, por ejemplo: la comida, ellos saben por la hora del almuerzo que su dueño está por llegar”, señala la especialista.
Los perros no manejan el tiempo de forma lineal como los seres humanos, pero sí perciben la duración de las ausencias a partir de los cambios en su entorno y de su propio estado emocional. Está ampliamente comprobado que cuando un perro vive en un ambiente predecible y con rutinas claras, tiende a sentirse más tranquilo y seguro. La repetición de horarios, hábitos y actividades le permite anticipar lo que ocurrirá, reduciendo así la incertidumbre.
En este proceso, la experiencia previa cumple un rol fundamental. Si cada mañana el tutor sale a trabajar y regresa aproximadamente a la misma hora, el perro aprende ese patrón y ajusta su conducta en función de él. De la misma manera, las emociones también influyen de forma directa: los perros más ansiosos o muy apegados a sus tutores suelen reaccionar con mayor intensidad ante ausencias prolongadas, mientras que otros pueden afrontarlas con mayor calma. Además, la vivencia del tiempo a solas no es igual para todos, ya que factores como la edad, la raza, el nivel de actividad y el vínculo con la persona influyen en cómo cada perro atraviesa esos momentos.
“Esto no implica que yo todos los días los 365 días del año, voy a tener que hacer todo a la misma hora, puedo darle una cierta variación, pero si tengo que tratar en lo posible de mantener una rutina diaria que a él le permita vivir cómodamente, porque si un día llegamos a una hora, otro día a otra hora, o no llegamos o mandamos otra gente para lo cuide todo eso le genera estrés y cambios en el temperamento del perro”, advierte Helguero.
La doctora señala que este tipo de situaciones se hizo mucho más visible después de la pandemia. Durante ese periodo, muchos perros se acostumbraron a la presencia constante de sus tutores en casa y, con el regreso al trabajo y los cambios de horarios, desarrollaron ansiedad por separación, manifestada en conductas de estrés, inquietud o alteraciones emocionales.
En cuanto a la llegada a casa, Helguero destaca la importancia de manejar adecuadamente ese momento para no aumentar innecesariamente la excitación del perro. Existen diversos estudios que buscan comprender la gestión emocional canina, aunque no se puede medir de manera exacta, ya que, al igual que en los seres humanos, las emociones se presentan de formas y proporciones distintas en cada individuo.
Según la especialista, lo que actualmente se recomienda es que sea el tutor quien regule primero sus propias emociones antes de interactuar con el perro al ingresar al hogar. “Si yo genero esa tensión de alegría después de haber estado todo el día fuera y voy a volver a mi perrito, obviamente mi perro la va a sentir y va a contagiarse de esa misma emoción”, explica.
Durante mucho tiempo se aconsejó ignorar al perro al llegar a casa, pero hoy se sabe que no se trata de desatenderlo, sino de no alterar aún más su estado emocional. El objetivo es transmitir calma y seguridad, entendiendo que el equilibrio emocional del tutor es clave para ayudar al perro a vivir de forma más tranquila las ausencias y los reencuentros cotidianos.
Fuente: Cynthia Helguero Cárdenas
Una publicación compartida de Revista Mascotas (@revistamascotas)

