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Bienestar de los perros: aprender a ser un buen tutor

Hay una conversación que muchos evitamos tener.

No porque no duela, sino porque duele demasiado.

Es la conversación con ese primer perro que llegó a nuestra vida cuando todavía no sabíamos que amar no siempre alcanza.

Perdón.

Perdón por las horas atado a un patio creyendo que el aire era suficiente compañía. Perdón por las sobras de la mesa cuando pensábamos que era un banquete. Perdón por las cadenas, por los retos, por los paseos que nunca llegaron, por las veces que confundimos obediencia con bienestar. Perdón por haberte elegido sin entender todo lo que significaba elegirse para siempre.

No lo hicimos porque fuéramos crueles.

Lo hicimos porque así nos enseñaron. Porque durante mucho tiempo nos dijeron que un perro era para cuidar la casa, para ladrarle a los extraños, para vivir afuera, para conformarse con poco. Porque nadie nos explicó que también sienten miedo, frustración, ansiedad, aburrimiento. Que necesitan jugar, explorar, aprender, ser escuchados. Que no vinieron a ocupar un rincón de la casa, sino un lugar en la familia.

Y, sin embargo, ustedes nos siguieron amando.

Con esa generosidad absurda que tienen los perros. Esa forma de perdonar que desarma cualquier argumento. Esa costumbre de mover la cola incluso cuando nosotros todavía estábamos aprendiendo a mover el corazón.

Tal vez por eso hoy el mejor homenaje que podemos hacerles no sea una foto, ni un regalo, ni una fecha marcada en el calendario.

Tal vez el homenaje sea hacerlo mejor.

Seguir aprendiendo. Preguntar. Leer. Escuchar a quienes saben. Cambiar de opinión cuando hace falta. Entender que ser tutor no es un título que se obtiene el día que un perro llega a casa, sino que es una decisión que se toma todos los días.

Si alguna vez tuviste un perro al que amaste con todas tus fuerzas, pero no con todas las herramientas, ojalá esta carta también sea para vos.

No para que cargues culpa.

Sino para que convirtas ese amor en algo mejor para el próximo, para el que hoy duerme a tus pies, para el que todavía espera una familia, para todos los que vendrán.

Nosotros, Revista Mascotas, creemos que hay que acompañarnos en ese camino. En aprender juntos. En equivocarnos menos mañana que ayer. Porque nadie nace sabiendo ser un buen tutor, pero todos podemos elegir seguir formándonos.

Y quizás esa sea la forma más honesta de decirles a nuestros perros —a los que están y a los que ya partieron— cuánto los seguimos amando.

Duda Anzoátegui

Duda Anzoátegui

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