Los tumores mamarios representan una de las neoplasias más frecuentes en la clínica de pequeños animales. Se estima que uno de cada cuatro perros desarrollará un tumor mamario en algún momento de su vida, ya sea benigno o maligno.
El Dr. Rodolfo Nallar, especialista en diagnóstico anatomopatológico y dermatología, explica que en países donde la ovariectomía no se realiza de forma sistemática, como ocurre con frecuencia en Bolivia, más del 50 % de las neoplasias que se presentan en las perras corresponden a carcinomas mamarios, es decir, tumores con un elevado potencial de malignidad.
Asimismo, señala que de cada 100 neoplasias mamarias analizadas en laboratorio, aproximadamente el 80 % son malignas y el 20 % benignas, lo que evidencia la importancia de un diagnóstico oportuno.
Factores de riesgo
La edad constituye uno de los principales factores predisponentes. Según el especialista, los perros mayores de siete años presentan una mayor probabilidad de desarrollar carcinomas mamarios.
La raza también influye en el riesgo. Las razas grandes muestran una mayor predisposición debido a que su envejecimiento celular ocurre con mayor rapidez en comparación con las razas pequeñas, favoreciendo el desarrollo de alteraciones celulares a edades más tempranas.
Otro factor importante es la condición corporal. La obesidad incrementa la posibilidad de aparición de carcinomas mamarios.
A ello se suma el estado reproductivo. Las perras no esterilizadas que presentan preñez psicológica, celos irregulares, dificultades durante el parto o ausencia de celo constituyen un grupo con mayor riesgo de desarrollar este tipo de neoplasias.
Diagnóstico y seguimiento del paciente
El Dr. Nallar destaca que la histopatología es una herramienta fundamental para confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento.
“Cuando un paciente ya es oncológico, va a ser oncológico para toda la vida”, explica el especialista. Esto significa que, aunque un estudio histopatológico indique que el paciente no presenta tumor en ese momento, existe la posibilidad de que la enfermedad vuelva a desarrollarse durante otro momento de su vida. En este contexto, la quimioterapia puede contribuir a prolongar la supervivencia en los casos en los que está indicada.
Tratamiento
El tratamiento de elección depende del tipo de tumor y de su grado de compromiso.
Inicialmente, puede realizarse la extirpación de la masa tumoral junto con una biopsia para identificar el tipo de tejido que está proliferando en la glándula mamaria mediante un estudio histopatológico.
Con base en ese resultado, el abordaje quirúrgico puede variar. En algunos pacientes se realiza únicamente la extracción de la glándula afectada; en otros, cuando la enfermedad lo requiere, puede indicarse la resección completa de la cadena mamaria. El procedimiento más radical incluye además la extirpación de los ganglios linfáticos regionales.
La quimioterapia constituye otra alternativa terapéutica, aunque no está indicada para todos los pacientes. Una vez obtenido el diagnóstico histopatológico —que determina el tipo de tumor, su grado y estadio— se evalúa si el animal reúne las condiciones para recibir este tratamiento.
El especialista explica que los protocolos quimioterapéuticos pueden producir efectos adversos, entre ellos vómitos, diarrea, pérdida de pelo en algunos pacientes y, con menor frecuencia, alteraciones del sistema inmunitario. Por ello, su indicación debe realizarse de forma individualizada.
En los pacientes seleccionados, la quimioterapia constituye una herramienta que contribuye al control del cáncer y puede aumentar el tiempo de supervivencia.



