Por la M.V. Yaqueline Bazán Terán
La valoración preanestésica constituye uno de los pilares fundamentales de la medicina anestésica veterinaria, ya que permite disminuir significativamente la morbimortalidad asociada a los procedimientos anestésicos. Diversos estudios han demostrado que gran parte de las complicaciones durante la anestesia pueden prevenirse mediante una adecuada evaluación clínica, la estabilización fisiológica del paciente y la selección individualizada del protocolo anestésico.
Más que determinar si un paciente puede ser anestesiado, esta etapa busca identificar los factores de riesgo que podrían modificar el plan anestésico antes de la inducción.
Cuatro preguntas clave antes de anestesiar
Toda valoración preanestésica debe responder cuatro interrogantes esenciales:
- ¿Cuál es el estado fisiológico del paciente?
- ¿Qué enfermedad presenta?
- ¿Cómo influirá la anestesia sobre esa enfermedad?
- ¿Cuál es el protocolo anestésico que ofrece mayor seguridad?
Responder estas preguntas permite establecer un abordaje personalizado y reducir la probabilidad de complicaciones durante el procedimiento.
Evaluación integral del paciente
La valoración comienza con una anamnesis detallada que incluye especie, raza, edad, sexo, peso, estado vacunal y de desparasitación, antecedentes quirúrgicos, alergias, tratamientos actuales, alimentación, entorno y motivo de consulta.
Posteriormente se realiza un examen físico completo, evaluando condición corporal, estado neurológico y musculoesquelético, sistemas cardiovascular y respiratorio, cavidad abdominal, estado reproductivo e hidratación. En caninos, la condición corporal puede clasificarse como caquéctica, óptima u obesa, aspecto que influye directamente en el riesgo anestésico.
Cuando el cuadro clínico lo requiere, la evaluación debe complementarse con estudios laboratoriales e imagenológicos, como hemograma, perfil bioquímico, radiografías, ecografía, electrocardiograma en pacientes cardiópatas y perfiles prequirúrgicos específicos.
Clasificación ASA: una herramienta para estimar el riesgo
La clasificación del estado físico de la Sociedad Americana de Anestesiólogos (ASA) continúa siendo el sistema más utilizado para estratificar el riesgo anestésico.
Esta clasificación agrupa a los pacientes desde ASA I, correspondiente a animales clínicamente sanos, hasta ASA V, que incluye pacientes moribundos cuya supervivencia depende del procedimiento quirúrgico. La categoría ASA VI se reserva para donantes de órganos con muerte cerebral, mientras que la letra E identifica procedimientos de emergencia.
Aunque la clasificación ASA es una herramienta ampliamente aceptada, la Dra. Bazán destaca que no debe utilizarse como único predictor del riesgo perioperatorio. Factores como la edad, enfermedades concomitantes, medicaciones previas, duración y complejidad de la cirugía, experiencia del equipo quirúrgico y cuidados postoperatorios también influyen en el pronóstico anestésico.
Objetivos de la valoración preanestésica
Una correcta evaluación permite:
- Disminuir el riesgo anestésico.
- Detectar enfermedades no diagnosticadas.
- Clasificar adecuadamente al paciente según ASA.
- Optimizar la estabilidad cardiovascular y respiratoria.
- Diseñar un protocolo anestésico individualizado.
- Informar al propietario sobre riesgos y procedimientos.
- Obtener el consentimiento informado.
Estabilización: corregir antes de anestesiar
Una vez identificado el estado clínico del paciente, el siguiente paso consiste en corregir las alteraciones fisiológicas presentes antes de iniciar la anestesia.
La estabilización preanestésica incluye la corrección de la deshidratación e hipovolemia, el tratamiento del dolor, el manejo de alteraciones electrolíticas y metabólicas, la oxigenoterapia cuando existe compromiso respiratorio, el control de hemorragias y la normalización de la temperatura corporal.
Asimismo, es indispensable garantizar un acceso venoso permeable antes de administrar cualquier medicamento anestésico, permitiendo una fluidoterapia de mantenimiento y una rápida intervención ante posibles complicaciones.
Premedicación y protocolo anestésico individualizado
La premedicación constituye la primera etapa farmacológica del procedimiento anestésico y tiene como finalidad disminuir el estrés del paciente, facilitar su manejo, reducir los requerimientos de anestésicos, proporcionar analgesia y favorecer una recuperación más confortable.
La elección de tranquilizantes, analgésicos, agentes inductores y relajantes musculares debe individualizarse considerando el estado fisiológico del paciente, su clasificación ASA y el procedimiento a realizar. No existe un protocolo universal, por lo que cada combinación farmacológica debe adaptarse a las necesidades clínicas específicas.
Monitorización: una vigilancia continua
La seguridad anestésica depende también de una monitorización constante durante todo el procedimiento.
Entre los parámetros básicos se encuentran la pulsioximetría, manteniendo una saturación de oxígeno superior al 95 %, el control permanente de la temperatura corporal para prevenir la hipotermia y la evaluación periódica de reflejos clínicos, como los palpebrales, corneales y mandibulares, que permiten valorar la profundidad anestésica.
La recuperación también forma parte de la anestesia
La Dra. Bazán enfatiza que la recuperación anestésica debe recibir la misma atención que el acto quirúrgico. Durante esta fase es fundamental retirar el tubo endotraqueal únicamente cuando el paciente haya recuperado el reflejo faríngeo, mantener la normotermia, garantizar una analgesia adecuada y vigilar la aparición de signos de dolor, excitación o delirio.
Una valoración preanestésica completa, acompañada de una estabilización adecuada y una monitorización permanente, constituye la mejor estrategia para disminuir las complicaciones anestésicas y mejorar la seguridad del paciente. La anestesia moderna no comienza con la inducción, sino mucho antes: con una evaluación clínica rigurosa que permita anticipar riesgos y adaptar cada protocolo a las necesidades individuales del animal.ite a los tutores identificar posibles fuentes de estrés y tomar medidas para mejorar el bienestar de todos los integrantes del hogar.



