Harold Anzoátegui ha dedicado su vida a diseñar espacios pensados para mejorar la calidad de vida de las personas. Arquitecto, docente universitario y máster en Diseño Arquitectónico Avanzado, lleva más de una década desarrollando proyectos en Bolivia y el exterior, convencido de que cada obra debe responder a la historia de quienes la habitan. Pero hubo un espacio que nunca imaginó que transformaría tanto como los que diseña: su propio hogar.
Hace casi tres años, mientras atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida tras la pérdida de su padre, decidió abrirle la puerta a un pequeño compañero de cuatro patas. Desde entonces, Tadao, bautizado en honor al reconocido arquitecto japonés Tadao Ando, se convirtió en mucho más que una mascota. Es el primero en llegar a la oficina, el compañero de sus jornadas como docente y el responsable de recordarle, todos los días, que la vida también se construye con pausas, paciencia y afecto.
En esta edición de Revista Mascotas, Harold nos abre las puertas de su mundo para contarnos cómo un perro terminó rediseñando su rutina… y también una parte de su corazón.
¿Cuál es el primer recuerdo que tenés con un animal?
Siempre hubo perros en mi casa. Cuando era niño teníamos un lobo siberiano y también un perrito mestizo que vivía en la quinta de mi familia. En esa época era distinto; los perros estaban en el patio, no eran parte de la familia como hoy. Pero sí hubo uno al que le tuve muchísimo cariño. Se llamaba Fido y me acompañó desde que tenía unos diez años hasta mis diecisiete. Fue el primer perro con el que realmente generé un vínculo.
¿Cómo llegó Tadao a tu vida?
Ya llevaba casi tres años pensando en tener un perro, pero dudaba porque vivo en un departamento y sabía que tenía que ser un perro pudiera adaptarse a ese espacio.
Mi papá falleció en agosto y, dos meses después, sentí que era el momento. Tadao estaba en Cochabamba y llegó justamente el día de mi cumpleaños. Yo estaba dando clases en la universidad cuando los chicos de la oficina aparecieron con una caja. Ahí estaba él. Fue una sorpresa total. Ese fue nuestro primer encuentro.
¿Por qué decidiste llamarlo Tadao?
Fue una decisión de equipo (risas). Les pregunté a los chicos de la oficina qué nombre les gustaba y alguien propuso Tadao, por Tadao Ando, uno de los arquitectos japoneses más importantes del mundo. A todos nos encantó y así se quedó.
¿Qué cambió en tu vida desde que llegó?
Llegó en un momento muy difícil para mí. Incluso nació el mismo día en que enterramos a mi papá. Entonces fue un soporte emocional enorme durante ese proceso.
Pero también me enseñó algo que no esperaba: responsabilidad afectiva.
La segunda semana ya quería regalarlo (risas). Yo estaba acostumbrado a vivir en un departamento impecable y, claro, él todavía estaba aprendiendo dónde hacer sus necesidades. Me desesperaba.
Después entendí que tener una mascota no significa que todo sea cómodo para uno. Ellos también necesitan tiempo para aprender y adaptarse. Hoy agradezco muchísimo no haber tomado esa decisión impulsiva.
Muchos especialistas hablan del apoyo emocional que brindan las mascotas. ¿Lo viviste así?
Totalmente. Cuando llego cansado del trabajo o después de un día complicado, él termina siendo mi cable a tierra. Me obliga a salir de la rutina, a llevarlo al parque o a la cancha para que juegue. Antes podía quedarme trabajando hasta muy tarde; ahora sé que hay alguien esperándome y que necesita tiempo conmigo. Creo que me ayudó a encontrar un equilibrio.
Tadao también forma parte de tu oficina. ¿Cómo es esa dinámica?
Es uno más del equipo. Durante mucho tiempo todas las mañanas lo traía a la oficina antes de ir a dar clases para que no pasara el día solo en el departamento. Acá siempre tiene alguien que le haga compañía. Todos los clientes que vienen ya saben quién es Tadao. Es parte del estudio.
¿En qué sentís que se parecen ustedes dos?
Creo que en el carácter.
A los dos nos gusta recibir cariño, pero hasta cierto punto (risas). Somos afectuosos, pero también tenemos nuestros límites.
¿Qué le dirías a alguien que está pensando en tener un perro?
Que primero entienda la responsabilidad que implica.
No es solamente querer compañía o tener una raza porque está de moda. Es tiempo, dedicación y también un presupuesto. Hay que pensar en la alimentación, el veterinario, los baños, la educación y en darle una buena calidad de vida.
La recompensa es enorme, pero también requiere compromiso.
Para terminar, describí a Tadao en una sola palabra.
Compañero.



