En un contexto donde los tutores de mascotas son cada vez más informados, exigentes y participativos, el conocimiento clínico continúa siendo esencial, pero ya no alcanza por sí solo. Para el médico veterinario argentino Javier Paoloni, el ejercicio profesional actual exige incorporar nuevas competencias que fortalezcan el vínculo con los clientes y mejoren los resultados terapéuticos.
Durante su participación en Expopet, el especialista abordó esta temática en la charla “Comunicación y ética: el arte de crear vínculos en el consultorio”, donde destacó que muchas dificultades cotidianas en la práctica no responden a errores médicos, sino a fallas en la comunicación.
Cuando el problema no es clínico
Paoloni explicó que un profesional puede tener excelente formación en áreas como cardiología, nefrología o medicina felina, pero aun así enfrentar tratamientos frustrados si no logra transmitir indicaciones, generar adherencia o construir confianza con la familia del paciente.
Desde su perspectiva, comunicar correctamente no es un complemento del acto médico, sino una herramienta estratégica para que las decisiones clínicas puedan ejecutarse con éxito.
Competencias humanísticas que jerarquizan la profesión
El conferencista propuso desarrollar lo que denomina competencias humanísticas, entendidas como habilidades transversales que potencian el ejercicio veterinario y elevan la percepción profesional del servicio.
Entre ellas mencionó:
- Comunicación efectiva
- Autoconocimiento
- Autocontrol emocional
- Trabajo en equipo
- Innovación
- Negociación
Estas capacidades cobran especial valor en escenarios complejos: conversaciones difíciles, desacuerdos económicos, tensión emocional de los tutores o dinámicas internas del equipo de trabajo.
Autocontrol: una habilidad poco hablada y muy necesaria
Uno de los puntos más relevantes fue la importancia de la gestión emocional del veterinario. Paoloni remarcó que los problemas personales o el estrés acumulado pueden trasladarse involuntariamente al consultorio y deteriorar la experiencia del cliente.
Reconocer estados emocionales propios, regular respuestas impulsivas y sostener una atención profesional incluso en jornadas exigentes son habilidades que impactan directamente en la calidad del servicio.
Autoridad sin autoritarismo
El especialista también reflexionó sobre la diferencia entre autoridad profesional y autoritarismo. El conocimiento técnico otorga legitimidad para indicar estudios, tratamientos o cambios de manejo, pero la forma de comunicarlo define la recepción del mensaje.
Cuando la recomendación médica se expresa con empatía, escucha y claridad, aumenta la probabilidad de adhesión terapéutica. En cambio, cuando se percibe imposición, suele aparecer resistencia.
Para Paoloni, la clave está en equilibrar razón y emoción: sostener criterio científico sin perder sensibilidad frente a la realidad del tutor.
Adaptar el mensaje al contexto del cliente
No todos los tutores reciben la información de la misma manera. Variables como edad, nivel de preocupación, experiencia previa, vínculo con el animal o capacidad económica condicionan la consulta.
Por ello, el veterinario moderno necesita leer el contexto, identificar necesidades no verbalizadas y adaptar su comunicación. Incluso anticiparse con opciones de pago, explicaciones simples o acompañamiento emocional puede marcar una diferencia significativa en la experiencia general.
Consultorios más saludables y sostenibles
Paoloni aseguró que una veterinaria donde se trabaja bien la comunicación se transforma en un espacio más disfrutable para todos: profesionales, equipo auxiliar y clientes.
Menos conflictos, mayor confianza, mejor adhesión a tratamientos y vínculos duraderos son parte de los beneficios de incorporar estas competencias.
Una nueva dimensión profesional
El mensaje final fue: la excelencia veterinaria actual combina ciencia y humanidad. El dominio técnico sigue siendo irrenunciable, pero las habilidades comunicacionales son las que permiten que ese conocimiento genere verdadero impacto.
Para los médicos veterinarios, formarse en comunicación ya no debería verse como algo accesorio, sino como una inversión directa en calidad profesional, bienestar laboral y crecimiento sostenido.



