Una investigación del Grupo de Investigación del Comportamiento en Cánidos de la Universidad de Buenos Aires encontró que los perros con entrenamiento avanzado mantuvieron durante más tiempo una conducta social aprendida cuando el refuerzo dejó de aparecer. El hallazgo sugiere que las experiencias de aprendizaje podrían influir en la persistencia de las respuestas sociales.
¿Qué hace un perro cuando una conducta que antes era recompensada deja de recibir una recompensa? La respuesta puede no ser simplemente abandonar. En determinados casos, puede continuar intentándolo. Y, según un estudio realizado por investigadores argentinos, la historia de entrenamiento podría influir en cuánto tiempo mantiene esa respuesta, particularmente cuando se trata de una conducta dirigida hacia una persona.
El trabajo, realizado por Melissa Brarda, Camila Cavalli, Marina Victoria Dzik y Mariana Bentosela, del Grupo de Investigación del Comportamiento en Cánidos (ICOC), perteneciente al CONICET y al Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad de Buenos Aires, analizó la persistencia de respuestas aprendidas en perros con entrenamiento avanzado y en animales sin entrenamiento.
El resultado que concentra el interés del estudio apareció en una conducta social: los perros entrenados mantuvieron durante más tiempo la mirada hacia el rostro humano cuando dejaron de recibir el alimento que previamente reforzaba esa respuesta. La diferencia entre los grupos fue estadísticamente significativa (F(1,24) = 11.19; p = 0.003).
Pero el efecto no apareció de la misma manera en todas las conductas. Cuando los perros debían resolver una tarea no social para obtener alimento, no se encontraron diferencias significativas entre los animales entrenados y los que no tenían entrenamiento.
Este contraste es precisamente lo que vuelve interesante al hallazgo. No se trataría simplemente de que el entrenamiento vuelve a los perros “más persistentes” en términos generales, sino de que determinadas experiencias de aprendizaje podrían modificar la manera en que sostienen respuestas específicas, especialmente aquellas vinculadas con la interacción social.
Cuando el refuerzo no siempre llega
Una posible explicación planteada por los autores está relacionada con el reforzamiento intermitente. Durante los entrenamientos avanzados, los perros podrían estar expuestos con mayor frecuencia a situaciones en las que sus respuestas sociales no son reforzadas de manera constante.
En otras palabras, aprender que una conducta no siempre recibe una recompensa inmediata podría favorecer que el animal continúe realizándola aun cuando el refuerzo se demora o desaparece temporalmente. Esta experiencia podría contribuir a una mayor resistencia a la extinción de determinadas respuestas sociales.
La diferencia resulta relevante porque la persistencia de una conducta aprendida no ocurre en el vacío: está atravesada por la historia de experiencias del individuo. En este caso, los resultados apuntan a que la ontogenia —es decir, las experiencias acumuladas a lo largo de la vida— puede tener un papel en el desarrollo y mantenimiento de determinadas habilidades sociocognitivas.
Más que obediencia
Desde una mirada aplicada, el hallazgo permite pensar el entrenamiento canino más allá de la adquisición de comandos. Las experiencias de aprendizaje pueden modificar características de la respuesta que no son tan evidentes a primera vista, como su persistencia frente a cambios en las consecuencias.
Esto puede resultar particularmente relevante para quienes trabajan en adiestramiento y modificación de conductas, donde comprender por qué una respuesta continúa apareciendo después de que cambió el contexto de reforzamiento puede aportar información para interpretar y abordar determinados comportamientos. Los propios autores señalan estas implicancias en ámbitos aplicados.
El estudio deja, además, una conclusión interesante para la comprensión de la cognición canina: las experiencias de entrenamiento no solo pueden enseñar a un perro qué hacer, sino también influir en la manera en que mantiene una respuesta aprendida cuando la recompensa deja de estar disponible.
Y en este caso, esa influencia fue especialmente evidente en una conducta que tiene a otro individuo como protagonista: mirar a una persona. Una pequeña diferencia en una tarea experimental que abre una pregunta mucho más amplia sobre cómo la experiencia moldea la vida social de los perros.



