Natalia Aparicio, cochabambina de 28 años, es politóloga, creadora de contenido y ahora streamer, reconocida por su análisis crítico de la realidad política en redes sociales. Ha construido su camino con una fuerte convicción por el pensamiento crítico.
Pero más allá de su faceta profesional, hay un vínculo que la define desde muy joven: Cookie, su perrita. Desde la adolescencia, se convirtió en su compañera incondicional, creciendo juntas y compartiendo cada etapa de su vida. Hoy, mientras Natalia inicia una nueva etapa en Santa Cruz, enfrenta uno de los desafíos más difíciles: aprender a estar lejos de ella. En esta entrevista, nos muestra su lado más íntimo y ese lazo que, sin importar la distancia, lo significa todo.
Natalia, ¿cómo llega Cookie a tu vida?
Fue cuando tenía 14, 15 años. Yo quería sí o sí una perrita. Antes habíamos tenido una, pero era esa vieja escuela donde el perro estaba en el patio, con poca atención… y murió mal. Me quedó un cargo de conciencia enorme. Entonces decidí que quería hacerlo bien. Adopté una perrita, pero entraron ladrones a mi casa y se la llevaron. Era bebita… fue durísimo.
Unos meses después nos dimos otra oportunidad. Fuimos a ver unos cachorritos que estaban regalando, y ahí estaba ella, en una cajita con su mamá. Así llegó Cookie. Desde entonces, me acompaña a todos lados.
¿Tiene algún apodo?
Le digo “macetita” (risas). No tiene mucho sentido, pero fue derivando de mil formas de decirle cosas con cariño… y quedó macetita.
¿Cómo es Cookie?
Ahora es una señorona. Muy tranquila, dormilona, le gusta su paz. No es muy fan de los niños, pero es súper cariñosa, vive dando besitos. De joven era terrible, destrozaba zapatos, pero ahora ya es calmada, entiende todo. Literal, le hablo y me entiende.
Eso sí, ya está entrando en esa etapa donde empieza a escuchar menos, a ver menos… camina más despacio. Pero sigue siendo tierna. Y es celosa, posesiva (risas).
¿En qué sentís que se parecen ustedes dos?
Creo que las dos somos medio gruñonitas a veces, pero muy cariñosas. Nos encanta dar y recibir cariño. En eso somos iguales.
¿Cómo era su rutina juntas antes de que te mudaras?
Era todo juntas. Despertar, desayunar, pasear, almorzar, volver a pasear… en la noche otra vez salir y después descansar. Era una rutina completamente compartida.
Tu trabajo te ha llevado a moverte bastante. ¿Cómo fue separarte de ella?
Muy doloroso. No sé si para ella también, pero creo que sí. La primera vez que volví, estaba enojada, no me quería ni saludar. Después ya fue más tranquila.
Pero duele… porque he vivido toda mi vida con ella. Es mi compañera. Y hay momentos, como un domingo, donde solo querés cucharear con tu perrita… y no está. Eso es lo más difícil.
Ahora estás en Santa Cruz, ¿pensás traerla a vivir con vos?
Sí, quiero intentarlo. Me preocupa el calor porque es peludita, y también el tema de las garrapatas y todo eso, que acá es distinto. Pero voy a probar. Si no se adapta, volverá con mi mamá.
Pero sí, la idea es que esté conmigo.
¿Cómo te ha tratado esta nueva etapa en Santa Cruz?
Muy bien. Voy a cumplir un año acá y ha sido un crecimiento enorme. Es una ciudad muy rápida, muy activa. Venir acá me ha impulsado muchísimo.
Ya estoy instalada, quiero invertir, emprender… es como mi nueva tierra.
Si Cookie fuera parte de LPM o POV, ¿a quién se parecería?
A mí (risas). Totalmente a mí. Tiene ese lado medio serio, medio tranqui… pero también su carácter.
Si fuera activista, ¿por qué causa lucharía?
Sería anti-cohetes, sin duda. Odia los ruidos. Estaría marchando con mamás de niños autistas en contra de los fuegos artificiales.
¿Qué proyectos vienen para vos?
Quiero seguir creciendo en Ailive, mantener ese espacio a largo plazo. También estoy pensando en emprender, invertir… y a futuro, tener mi propio estudio, mi equipo, todo para generar contenido de forma independiente.
¿Dónde te podemos seguir?
Estoy en Ailive de lunes a viernes en la mañana, también en radio los martes y jueves, y en redes como @la.aparicio. Ahí subo contenido, análisis y también mis investigaciones.
Para cerrar, definí a Cookie en una sola palabra.
Macetita. Siempre macetita.



